La Primera Guerra Mundial fue el conflicto en el que se empezaron a utilizar aviones como arma y, antes de que fuese inventado el radar, la única manera de detectarlos era escuchando su propio sonido cuando se aproximaban (así que inventaron un espejo para escuchar).
En Gran Bretaña, temían los ataques desde el continente y las escasas 22 millas del Canal de la Mancha no ofrecían tiempo suficiente para reaccionar a un ataque. Por ello, la Royal Air Force construyó una serie de puestos de escucha alrededor de la costa.
ESPEJOS DE SONIDO
OTRO MODELO DIFERENTE
DIBUJO DE UN ESPEJO DE SONIDO
VISTA DIFERENTE DEL ESPEJO
Estos puestos en realidad eran enormes reflectores esféricos de hormigón, de unos 4,5 m de diámetro, llamados «espejos de sonido», capaces de amplificar el ruido de los motores de los aviones antes de que fuesen visibles. De este modo, mediante varios micrófonos situados frente al “espejo” que captaban las ondas de sonido reflejadas, podían saber en qué dirección se acercaba el avión a una distancia de hasta ¡20 millas!. Aún así, los aviones que generaban ruido por debajo de 400 Hz seguían siendo indetectables. Por ello, se construyó algo más grande: un gran muro curvo, de 60 metros de largo y 8 metros de altura, con el que finalmente si se captaban los #ruidos de todo tipo de aviones.
«
Problema: los aviones eran cada vez más rápidos, y ya era demasiado tarde para tomar decisiones.
Pero con el tiempo, surgió otro gran problema. Los aviones eran cada vez más rápidos, lo que significaba que, en el momento en el que se escuchaban, ya estaban demasiado cerca para tomar decisiones.
Finalmente, el proyecto fue abandonado debido a su ineficiencia y al desarrollo de los primeros sistemas de radar en los años 30.
