Los antiguos mayas construyeron sus pirámides como ofrenda a los dioses. Además de su tamaño imponente, los sacerdotes las utilizaban para crear efectos de sombras y producir ruidos (el sonido de los dioses) que asombrasen (y atemorizasen) a sus fieles.
Un grupo de investigadores belgas demostró cómo las ondas de sonido que rebotan en los escalones de la pirámide de Kukulcan, en las ruinas mayas de Chichén Itzá, crean sonidos que imitan el canto de un Quetzal, un ave considerada sagrada en Mesoamérica.
Acústico
El secreto del canto de la pirámide se debe a las largas y extrañas escaleras, cuyos peldaños son más altos de lo normal y con una base mucho menor del tamaño de un pie humano.
Dicha combinación hace de los escalones una especie de filtro acústico que enfatiza ciertas frecuencias a la vez que suprime otras. Como resultado, al producir un sonido fuerte, como una palmada, éste viaja chocando con múltiples superficies separadas unos pocos centímetros entre sí; creando un eco distorsionado (parecido al chirrido que emite el Quetzal) que regresa al emisor con un pequeño desfase.
Pero, ¿sabían los constructores de la pirámide exactamente lo que estaban haciendo? Los cálculos muestran que, aunque hay evidencia de que diseñaron la pirámide para producir sonidos sorprendentes, probablemente no podrían haber predicho exactamente a qué se parecerían.
